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jueves, 29 de marzo de 2012

Relato Erótico: Prácticas sexuales en una playa nudista

Siempre había deseado ir a una playa nudista, pero nunca me había atrevido porque ningún amigo o amiga quería venir. Así que un sábado, prontito por la mañana, decidí ir yo solo. Me había informado donde estaban las playas nudistas en la costa mediterránea, y cuando me decidí por una, subí a mi coche, cargué en el maletero una toalla, algo de crema protectora y una mochila para guardar mi ropa, y allí que me fui.

Al cabo de hora y media de carretera, por fin llegué a mi destino. Aparqué delante de un cartel en el cual estaba escrito estas dos palabras que me hicieron poner bastante nervioso, y pensar en volverme por donde había venido..."ZONA NUDISTA". Me quedé un rato en el coche, decidiendo que hacer, hasta que por fin me hice el ánimo, y salí del coche. Me desnudé, y una vez había agarrado mi toalla y la crema protectora, cerré bien el coche y me adentré en la playa.

Aquello era desde luego una experiencia totalmente nueva para mí. Todo el mundo andaba, tomaba el sol, jugaba a las palas, al volley... ¡Pero desnudos! Aunque era algo esperado, no dejó de sorprenderme. Hasta ahora había ido a las playas "textiles" donde todo el mundo llevaba su bañador, las mujeres su bikini... Pero ahí estaba rodeado de cuerpos desnudos, incluyendo también mujeres muy atractivas. Eso produjo en mí una reacción que no había esperado.

De repente empecé a tener una fuerte erección, y una sensación entre miedo y vergüenza se apoderó de mí. Muy apurado, estiré mi toalla en el suelo, y me tumbé boca abajo, procurando disimular. Intenté ponerme crema en la espalda, sin mucho éxito ya que no llegaba bien, y menos tumbado en el suelo, de forma que lo único que hice fue desparramar algo de crema sobre mí.

-"¿Te ayudo?".

Una voz femenina se dirigía a mí, y sin esperarlo, unas manos suaves empezaron a dispersar la crema por mi espalda, por mis hombros, mi nuca, y mi culo... Cuando noté eso último, me giré algo sobresaltado, y ahí estaba ella. Una chica joven, bastante morena de piel, pelo moreno con mechas rubias y unos ojos que me miraban de forma divertida.

Evidentemente, estaba desnuda, mostrando ante mí dos tetas grandes, turgentes, con pezones rosados, y aunque estaba en cuclillas, se podía distinguir una delicada mata de vello que se perdía entre sus piernas, bien contorneadas y que hacían intuir un culito turgente

-"Hola"- dijo sonriendo, divertida- "Me llamo Mika ¿Eres novato por aquí verdad? Lo digo por tu forma de ponerte crema, apuesto a que estás haciendo agujeros para poner sombrillas, jajajaja!"

Ante esa carcajada, yo no pude evitar reírme también, aún sorprendido por su espontaneidad y tranquilidad, viéndome ahí tumbado en una situación un poco aparatosa. Se tumbó boca arriba a mi lado, y estuvimos hablando un buen rato. Trató de tranquilizarme, diciendo que no me preocupase, que era normal la primera vez, que ella el primer día también iba excitada, pero que se le notaba menos. Eso lo dijo haciendo un gesto como diciendo "yo no tengo lo que tu tienes", por lo que estallamos en otra sonora carcajada.

La verdad es que me lo estaba pasando bien, era una chica divertida, y su buen humor me ayudaba a superar un poco mi timidez. Sin embargo, como veía que no me daba la vuelta, me pegó una palmada juguetona en el culo, y cogiéndome de la mano, me dijo que ya era hora de darse un baño y refrescar mi espalda que ya estaba muy roja. Consiguió levantarme, y pese a que no estaba erecto en ese momento, aún se mantenía en un estado "morcillón", que Mika se quedó mirando, y sonriendo me dijo:

-"Es bonita, no tenías porque ocultarla."

Le dio un par de toques rápidos con la punta de los dedos, y nos metimos en el agua. La verdad es que aquello le vino bien a mi espalda, el frescor del agua apaciguó un poco el escozor que empezaba a sentir, haciéndome encontrar bien. Mika empezó a tirarme agua, el típico juego en la playa, y yo también le salpiqué, cada vez más, hasta que se me tiró encima para hacerme una ahogadilla. Salí para respirar, y al sacar la cabeza, ella me cogió por la nuca y me puso entre sus tetas.

Eso me pilló por sorpresa, y besando mi pelo, me preguntó si me gustaba. Yo, algo nervioso le dije que si, y tras reírse, me dio la mano, y nadando nos alejamos a unas rocas cerca de la playa. Allí encontramos una pequeña cala, y se metió en un sitio sombreado, y arrastrándome hasta un lugar fresco, se giró hacia mí, y me cogió la polla con su mano, acariciándola suave, pero firmemente.

-"Esto quizás consiga que te sientas menos cohibido".

Acto seguido, empezó a besarme, y yo me dejé llevar, recorriendo con mi lengua cada recoveco de su boca, y comenzando a masajear ese culito suave, que mis manos recorrían de arriba abajo. Separé mis labios de su boca, y empezó a besarme el pecho mientras mi erección era cada vez más fuerte, y siguió bajando, jugando con mi ombligo, y finalmente, empezó a besar mi vello púbico, para pasar a jugar con mi miembro.

Comenzó a lamerlo como si fuera un helado, desde los huevos hasta la punta, y después se metió en la boca solo la cabecita, mordisqueándola con suavidad, hasta metérsela toda entera en la boca. Así estuvo unos minutos, hasta que decidí por fin actuar por mi cuenta. La tumbé en la arena, y comenzando a lamer su cuello, mis dedos se escurrieron por su rajita, no siéndome difícil introducirlos debido a su humedad. Metí dos dedos mientras mi pulgar jugaba con su clítoris, cuando ella empezó a respirar entrecortadamente debido al placer que le producía.

Sus pezones se endurecieron, y aproveché para mordérselos y lamérselos. Con mi mano libre, abarcaba con dificultad la otra teta, aquello era delicioso. Cuando consideré que ya tocaba devolverle el placer oral que ella me había dado, deslicé mi lengua desde su canalillo, hasta su rajita, y ahí empecé primero con fuertes lametones, para que sintiese bien mi calor, y comencé a introducir mi lengua dentro de ella, para seguir después localizando el clítoris, con el cual me entretuve unos minutos. Aquello era delicioso, estaba disfrutando del sexo con una mujer explosiva en un ambiente paradisíaco.

En un momento dado, Mika me tumbó boca arriba, dejándose caer sobre mí, y con la ayuda de una de sus manos, se introdujo mi miembro en su rajita, que entró sin excesiva dificultad hasta el fondo dentro de su ser. Cerró los ojos y abrió ligeramente la boca, dejando escapar un suspiro placentero, y ahí comenzó a moverse, mirándome de nuevo con la mirada pícara y divertida que le caracterizaba, y agarrando mis manos para ponerlas en sus pechos duros y grandes, que saltaban a cada movimiento.

El ritmo cada vez era mayor, los dos empezamos a gemir, pero ella no quería acabar en esa postura. Se puso a cuatro patas, y me dijo que quería hacer el perrito, para que cuando acabase, lanzase mi esperma sobre sus nalgas y espalda.

Empecé a bombearle muy fuerte, gritando los dos de placer, sin soltar yo sus pechos, cuando no pudimos más ninguno de los dos. Ella terminó escasos segundos antes de que yo lanzase mi carga donde ella me había pedido, y nos quedamos un rato exhaustos sobre la arena, besándonos con pasión y abrazados, momento en el que me confesó que ella también había perdido su timidez al nudismo así.

Se hizo tarde y había que volver, así que fuimos otra vez a nado hacia la playa principal, y recogimos nuestras cosas. Ese fue nuestro primer encuentro, de muchos que tendríamos ese verano, cuando decidimos hacer un tour por las principales playas nudistas del Mediterráneo, pero eso, es otra historia.

martes, 21 de diciembre de 2010

Relato Erótico: Cena de Navidad

Hacía frío, tenía los pies doloridos y ya empezaba a estar cansada de buscar infructuosamente. La ocurrencia de su jefe no podía haber sido más peregrina: celebrar la ya tradicional cena de Navidad de la empresa de todos los años disfrazados de gatas y perros. De buena gana le hubiera dicho que le parecía una idea estúpida, como casi todas las que procedían de él, pero aún no las tenía todas consigo a la hora de que le renovaran el contrato. Lo único positivo de esa cena era que Arturo, del departamento de publicidad, acudiría también y tenía bastantes posibilidades de acabar en la cama con él. Ya habían tenido algún que otro escarceo en los servicios y en el almacén del material, pero la mala suerte y la casualidad habían evitado que aquellos encuentros no fueran más que una mera aproximación, unos fugaces roces robados al tiempo, demasiado poco para tanta pasión... Esa podría ser la noche perfecta para desquitarse y satisfacer al fin sus deseos. Arturo, como todos los integrantes de su empresa, acudiría sin su pareja, no había que desaprovechar la ocasión.

Pero no iba a ser tan fácil encontrar un disfraz de gata. En estas épocas y a pocos días de la Navidad, las tiendas de disfraces estaban saturadas de vestidos de Papá Noel, Reyes Magos y alguna que otra Virgen despistada. Ni rastro de animales provistos de cola. Después de visitar cuatro tiendas, comprobó que había llegado demasiado tarde a todas ellas y que sus compañeros de trabajo habían arrasado con las existencias. Se había descuidado un poco, la fiesta se celebraba a la noche siguiente, necesitaba encontrar de inmediato algo que le valiera. Al pasar por delante de una sex shop detuvo sus pasos y tras dudar unos segundos, decidió entrar. Preguntó al encargado y ante sus secas indicaciones se dirigió a la zona donde se exponían las prendas de ropa y lencería.

Allí había de todo, pero pocos disfraces: corpiños dorados, vestidos transparentes, livianas tangas, antifaces, disfraces de criada, vampiresa y enfermera... Toda una variedad de prendas para incentivar la imaginación calenturienta de más de uno. Alicia deslizó sus manos por todas las prendas, reconociendo los distintos tejidos, sintió la fría seda resbalando entre sus dedos, el sugerente brillo del látex, los excitantes vestidos de cuero. Sus manos tocaron algo largo, negro y peludo. Cruzó los dedos y sacó la prenda de la percha: nada menos que un disfraz de sugerente felina con todos sus complementos; body negro, enorme cola y medias de rejilla. Unas orejas que bien podrían pertenecer a alguna conejita de playboy completaban el conjunto. Alicia lo miró una y otra vez, le dio la vuelta e intentó imaginarse mentalmente como le quedaría. El encargado le advirtió que iba a cerrar una hora para irse a cenar, ese día no tenía sustituto. Alicia sospechó que en esos instantes, no había nadie en las cabinas del local y sólo estaba ella. No se había dado cuenta de lo tarde que era. La talla parecía la suya, así que, al ver la impaciente mirada del encargado, optó por llevárselo sin probar. Por fin tenía su disfraz para la fiesta.

Al llegar a casa, comprobó con agrado que Arturo le había dejado un mensaje: ya tenía su disfraz de perro bulldog dispuesto a enfundarse en él y atacar con su robusta mandíbula a una gata indefensa como ella. La fiesta prometía. Cenó y se acostó pronto, quería estar radiante para al día siguiente.

El día trascurrió a un ritmo vertiginoso, la jornada de trabajo discurrió sin apenas darse cuenta y por fin llegó la noche. Alicia llegó a casa, se duchó y comenzó a ponerse el disfraz. Las medias de rejilla hacían sus piernas largas y atractivas. El body de satén negro era visualmente provocador, tanto por su generoso escote como por su descarado remate trasero que dejaba sus nalgas completamente al aire, imposible llevar ropa interior debajo sin que se viera. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de un pequeño detalle: no sólo quedaban a la vista sus nalgas, la estrechez de la tela en la entrepierna era tal que se observaban con toda facilidad sus labios mayores a poco que se agachara. El disfraz que había comprado era de gata, pero de gata callejera. Tendría que mantenerse en posición erguida durante toda la celebración a no ser que quisiera conocer profundamente a todos los compañeros masculinos de la plantilla.

Se colocó las orejas de peluche y el antifaz, comprobando que tenía visión suficiente como para caminar sin darse contra ninguna pared. Se le echaba el tiempo encima así que pintó con rapidez unos largos bigotes en su cara, cogió el abrigo y salió velozmente de casa.

Al llegar al restaurante comprobó el sorprendente impacto de su vestimenta: ni un solo perro que pasaba a su lado quedaba indiferente. Sólo confiaba en no tener que recoger nada del suelo para no ser la gata más conocida de su empresa.

El pastor alemán que charlaba con una jocosa siamesa tenía que ser el jefe de ventas, le delataba su oronda barriga. El caniche que llevaba gafas encima del antifaz era el contable, no cabía la menor duda. La gata persa tenía que ser Lucía, la secretaria del señor gerente, su disfraz parecía haber hecho incrementar por dos su ya enorme trasero. El dálmata apostado con una copa de vino en la mano que no paraba de tocarse la cola era Felipe, el encargado del almacén y asiduo lector de revistas porno.

Su jefe, disfrazado de doberman, hablaba con una escuálida siamesa, Alicia sospechaba que se trataba de María, su secretaria de dirección, y según rumores, con la que parecía que había tenido alguna aventura en horas de trabajo.

Alicia miraba a uno y otro lado pero no veía a Arturo por ninguna parte, ningún bulldog a la vista o nadie que se le pareciera, así que optó por sentarse entre dos perros a los cuales no fue capaz de poner nombre, ni siquiera respondían a sus preguntas. Quizás tenían un grave problema de audición o formaban parte del departamento de recursos humanos, que inmutables al pie del cañón hacían oídos sordos a todas las quejas de sus empleados.

Cuando ya se hallaban sentados en su mayoría todos los asistentes, apareció el bulldog que esperaba. Se colocó en una de las mesas que aún tenía sitios libres. Alicia le hizo un pequeño gesto para que supiera donde estaba, pero ni siquiera se fijó en ella, parecía muy apurado por haber llegado tarde.

La cena trascurrió entre chistes, maullidos y algún que otro ladrido subido de tono. Los camareros miraban al grupo entre risas y realmente debían de pensar que la cena no la había contratado una empresa, sino un grupo de chalados recién salidos del manicomio que celebraban de esa forma su liberación de la camisa de fuerza.

Tras la cena vino el baile. Dos camareros dirigieron a la comitiva a una de las salas donde un pinchadiscos comenzaba a poner música discotequera. Alicia no tuvo más remedio que bailar con más de un insistente compañero, pero seguía con la mirada a su bulldog, que ahora charlaba amigablemente con otra felina negra. Sintió celos y algo de mal humor por no haber tenido siquiera el detalle de saludarla, así que ni se dignó en acercarse. No iba a ser ella la que fuera en su busca.

La bebida caía y todos tenían cada vez más dificultades para mantenerse en pie. Gatos y perros se habían dispersado y ya se había formado más de una extraña pareja que intentaba esconderse de miradas ajenas. Alicia empezaba a ver borroso, había bebido demasiado, pero a pesar de todo se dio cuenta de que al lado de los servicios, dos gatas se lamían y acariciaban sin ninguna mesura. Intentó observar disimuladamente sus movimientos y descubrir quienes eran, pero no fue capaz. Una de ellas acorralaba a la otra, descubría sus pechos con el tacto de sus manos, rozaba con una de sus piernas los muslos de su compañera y Alicia incluso se imaginaba como ronronearían. Era excitante y morboso contemplar a ambas. Dio media vuelta intentando evitar ser indiscreta, pero sus ojos esta vez se quedaron fijos en un sorprendente hecho: una de las mesas en la que se habían colocado las bandejas de canapés tenía vida propia, los cubiertos depositados encima brincaban y el mantel parecía estar sometido a una corriente de aire. Alicia se agachó todo lo que pudo y pudo comprobar que debajo, un perro salvaje parecía estar entreteniéndose con una gata blanca. El hermoso culo y los sonrosados labios mayores de Alicia pudieron verse en ese momento con toda nitidez por todos los allí presentes. Alicia no se dio cuenta de que era el centro de atención. Ni siquiera el largo rabo negro que llevaba le cubría lo más mínimo. Seguía agachada, bebiendo su copa y pensando que la cena de empresa se empezaba a convertir en una orgiástica celebración. El tono de la fiesta había subido de nivel y también el de su excitación. Alicia se había dejado contagiar por la alegría del momento y ante la llegada de unos cuantos perros atraídos por la visión con la que les había deleitado, no dudó en echarse a los brazos de uno de ellos y juntar sus labios a los de él.

Por fin el bulldog se acercó a ambos, Alicia se olvidó del perro al que espontáneamente acababa de besar, de los demás canes que pululaban a su alrededor y se llevó a su posible compañía de cama de esa noche a una de las pocas esquinas discretas que aún quedaban libres. El ruido era ensordecedor y era inevitable gritar para ser oídos.
-Tenía ganas de estar contigo.
-Eres una gata realmente sexy. Me gusta como vas.

El bulldog reconoció la suavidad del satén con sus dedos y se paró en sus pechos, los acogió en sus manos y sintió una erección al sentirlos libres de ataduras. Acercó sus manos a sus nalgas y atrajo el cuerpo de Alicia hasta sentir todo el calor que manaba de ella. El disfraz tenía la holgura suficiente como para impedir que su miembro no siguiera una trayectoria ascendente. Se acercó aún más, hasta sentir su pene latiendo entre las piernas de Alicia.
-¿Te vienes a mi casa? –Dijo Alicia entre jadeos.
-No, mejor aquí, puede ser divertido…

Alicia miró a su alrededor y observó que la fiesta había degenerado en un gran bacanal. Sólo los más viejos del lugar se habían retirado hacía tiempo. Observó a su jefe besando sin control a su secretaria, al señor contable, que observaba con todo detenimiento los juegos sexuales de una pareja vencida por el alcohol, a Felipe, que, como en una de sus revistas, se masturbaba compulsivamente al ritmo de la música. Ella misma se había olvidado de todos sus prejuicios y ahora dejaba que Arturo se la comiera a mordiscos como si de un sabroso hueso se tratara. Éste había conseguido encontrar un hueco entre el pelaje para sacar su miembro y ahora luchaba por insertárselo a Alicia, que a pesar del alcohol aún sentía ciertos recelos en continuar. Sus pechos, fuera del body, vibraban cual gelatina con cada uno de los magníficos empujones con que Arturo la comenzó a torturar. Alicia cerraba los ojos, dejándose envolver por el goce de tener aquel miembro en su interior resbalando por su gruta oscura y húmeda, y los volvía a abrir al instante para volver a la realidad. Fue en ese momento de apertura visual cuando vio que en el otro extremo de la sala había otro bulldog, distinto al que gozosamente le atacaba. Quitó el antifaz del que la poseía y descubrió con horror que no era Arturo. Su compañero de juegos hizo lo mismo, quedando igual de confuso y sorprendido que ella. Ni siquiera sabía su nombre, debía de ser Iván, uno de los nuevos técnicos recién llegados de la empresa matriz. Pero el desconcierto duró tan sólo unos segundos, ni Alicia ni Iván, parecían estar dispuestos a quedarse en mitad de la función. Tan sólo unos empujones por parte de éste bastaron para que la excitación supliera sus prejuicios. Iván lo estaba haciendo muy bien, demasiado bien como para parar…

Alicia sentía estar en el momento cumbre de su excitación, miraba a su alrededor y flotaba como en sus sueños nocturnos. A su alrededor, el sexo era la palabra principal, el motor de la fiesta y el que seguía provocando peculiares parejas unidas por la lujuria. Al día siguiente nada se recordaría, nadie haría la más mínima referencia a lo vivido y más de uno se abochornaría sólo de pensar lo que había hecho por culpa del alcohol y de los extraños efluvios hipnóticos que parecían manar en aquel local.

En ese momento, Arturo, que había observado a Alicia de lejos, se acercó sin ánimo de interrumpir a la pareja sino más bien de unirse a ellos, comenzó a acariciar los brillantes y acalorados pechos de Alicia, a palpar sus nalgas, besar y mordisquear sus labios. Alicia se sentía en otro mundo, estaba con dos hombres a la vez, uno de sus anhelados sueños, la sensación de varias manos masculinas en su cuerpo fue superior a lo que ya podía aguantar. Sintió una explosión de palpitaciones que recorrió su cuerpo, mientras Iván, excitado por la presencia de Arturo, sacó su miembro y masturbándose, eyaculó sobre su disfraz.

Arturo sustituyó a Iván como pareja de Alicia. Ésta comenzaba a sentirse algo mareada tras el orgasmo, pero no por ello iba a descartar a su nuevo acompañante. Arturo era más suave en sus movimientos, menos rudo en sus empujones y su miembro era algo más grueso. Alicia sentía aquel tronco entrando y saliendo de su sexo mientras Iván, apoyado en la pared, observaba con detenimiento a los dos.

Un ruido ensordecedor proveniente de los altavoces hizo parar a la pareja por un instante, el pitido era tremendamente agudo y los tres tuvieron que tapar sus oídos. Era cada vez más fuerte y desagradable. Parecía que el pinchadiscos tenía un grave problema de acople.

Alicia abrió los ojos y paró el despertador con furia: eran las seis de la mañana y tenía que ir a trabajar. Vio su disfraz de gata en la silla, sintió la humedad entre sus piernas, el sofoco en su rostro y sonrió. Había tenido uno de los sueños más excitantes de toda su vida. ¿Acaso se convertiría en realidad esa misma noche?

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Relato: Una visita al museo.

Voy a su casa a recogerla, llevo un regalo para ese día especial que la había prometido. Después de besarla apasionadamente le digo que tengo un pequeño regalo para ella pero que no quiero que lo vea y para ello la vendo los ojos con un pañuelo de seda , y la llevo de la mano al baño.

Allí la apoyo contra la pared me arrodillo delante de ella y le voy deslizando el tanga negro por sus largas y preciosas piernas hasta quitárselo, le digo que separe, y con mucha suavidad le voy separando sus labios y le empiezo a introducir muy despacio dentro de su maravilloso y jugoso coñito un huevo vibrador. En ese momento la recorre un escalofrió que hace que su piel se erice y de su boca salga un pequeño quejido de placer... uhmmmmm.... ahhhhh que ami me vuelve loco y me pone a cien.

Y sin mediar palabra la quito el pañuelo de los ojos y la susurro al oído que se ponga esa camiseta blanca en la que se marcan su pequeños y duros pezones sin sujetador y también sin braguitas, un liguero con medias blancas y por ultimo una falda vaquera muy corta y esos zapatos de charol negros de tacones muy altos que tanto me gustan.

Para ir al Museo cogemos un taxi. Una vez sentados dentro, a mitad del camino del museo deslizo mi mano por la entrepierna de ella llegando a sus ansiados y húmedos labios, en ese momento acciono el mando remoto del huevo y siento como los músculos de la entrepierna se contraen aprensando fuertemente mi mano contra su sexo palpitante y ya empapado. Mientras el huevo sigue vibrando sucesivamente dentro de ella, empiezo acariciarla el clítoris muy suavemente en círculos y su cara es el reflejo de su inmenso placer.

Los pezones se van poniendo muy duros como si quisieran romper la camiseta que les oprime y siento unas ganas inmensas de besarlos y morderlos. El taxista no deja de mirar de reojo a través del retrovisor y esa situación tan morbosa me produce mas excitación.

En ese momento ella acerca su mano a mi entrepierna y me suelta el botón del pantalón metiendo su mano por debajo del slip para coger mi miembro y sentir como se endurece en su mano. Ufffffff es algo que me vuelve loco su manera de acariciar mi miembro con su dulce mano.

En ese momento entramos en un túnel, y ella aprovecha para sacarme del todo mi miembro y cogerlo con su mano fuerte para acercar su preciosa boca y besar su punta y notando como se humedece al paso de su estimulante lengua produciendo en mi un inmenso suspiro..... uhmmmmmmmm dios!!!!!

El túnel se va a terminar y estamos a punto de llegar. Ella como puede mete mi miembro dentro del pantalón. Nuestras caras de felicidad delatan lo ocurrido en el túnel. El taxista relamiéndose por dentro y con mirada lasciva nos dice que hemos llegado al museo.

Una vez dentro, la cojo de la mano y en la otra el mando a distancia del huevo, y vuelvo a ponerlo en marcha, vibrando despacio dentro de ella. Todo su cuerpo se pone en tensión. Cada descarga que la doy me aprieta fuertemente su mano con la mía.

Sus pezones marcan la camiseta de una forma exagerada atrayendo las miradas. Ella aprieta mi mano muy fuerte y mirándome a los ojos me pide susurrándome muy bajito que lo pare que esta exausta, no la hago caso y seguimos viendo los cuadros mientras aumento el ritmo del huevo que se mueve con más intensidad dentro de ella..

Su cuerpo empieza a denotar su excitación, su cara encendida su piel sudorosa, sus pechos muy duros y desafiantes, miro alrededor si nos miran para acercar mi mano a su coñito y notar lo caliente y húmeda que esta, produciendo en mi una enorme erección que ya produce un dolor al estar presionado en mi pantalón.

La digo... sígueme, la llevo de la mano y nos dirigimos al baño de mujeres le digo que entre y si no hay nadie me avise, no hay nadie y entro nos metemos en un aseo la pongo de espaldas hacia mi, me arrodillo la subo la falda le separo las piernas y con mis dientes cojo el hilo del huevo y se lo extraigo muy despacio, seguidamente empiezo a comerla su coñito ya chorreando de sus jugos y como un perro en celo no paro de lamerla y chuparla, teniendo ya su primer orgasmos en mi boca, me subo saco mi miembro en su estado máximo de excitación y se la introduzco en su hinchado y caliente coñito sin mas preámbulos y de un solo golpe hasta los huevos, saliendo de su boca un gran gemido de placer ahhhhh.... ansioso su coñito por tener ya mi gran miembro dentro.... con mis manos aprieto sus pechos fuertemente y no dejo de darle fuertes embestidas como dos animales salvajes he irracionales llegando los dos al orgasmo final... al éxtasis!!!!...

jueves, 9 de septiembre de 2010

RELATO: LO QUE A LOS HOMBRES LES GUSTA (3/3)

Supongo que muchas mujeres estarán en desacuerdo con lo que voy a decir pero hablo basándome únicamente en mi experiencia, que no es poca en sexo. Obviamente, mi percepción de la realidad es bien distinta a la de parejas que han convivido mucho tiempo.

Creo que es un mito injusto afirmar que los hombres, después de un polvo, optan por dormirse o marcharse y abandonar cualquier atisbo de conversación o mimos post-coitales. Ninguno de mis clientes o de mis antiguos novios se han comportado así. No dudo que los haya pero todas las generalizaciones son falsas, incluso la que yo acabo de hacer. Tal vez lo que falla es la planificación. La eyaculación no debería ser el fin, o el final. Para ambos debe quedar un largo momento de relax placentero, síntoma de que el sexo es un placer adaptable a las circunstancias.

No les quepa la menor duda de que a todos nos gusta sentirnos acariciados y mimados después de un orgasmo. No es una obligación, claro…es un deber. Las mujeres, al parecer, sentimos la necesidad de recibir esa atención posterior y a muchos hombres les gusta complacernos porque les hace sentirse “culpables” de nuestro placer. Pero también hay hombres que me agradecen mucho la atención que les presto después de eyacular. Soy partidaria de llegar a un acuerdo de turnos, por días. Hoy por ti, mañana por mí. Eso de “un rato cada uno” me corta el rollo temporal.

Como profesional del sexo, procuro que siempre me toque complacerle a él, salvo que advierta que lo que más placer le produce es lo contrario. Para las parejas convencionales, recomendaría el acuerdo de turnos como un juego sexual más. Pero como soy puta, me debo a mis clientes y, por tanto, les cuento mis secretos para complacer definitivamente a un hombre. Eso no significa que mi trabajo sea ingrato, puesto que yo también disfruto del momento. Verán.

Hay una etapa inicial en la que los hombres están recuperando su ritmo cardíaco normal y sus niveles de endorfinas y adrenalina. Es el momento de pausa total. Yo opto por dejarles reposar mientras les acaricio el pelo y la cara con ternura, mirándoles directamente a los ojos con complicidad. Pasada la tormenta, me gusta (a ellos también) jugar con ellos de una forma infantil. Después les propongo un baño especial. No tienen que hacer nada, solo dejarse llevar. Mientras preparo la bañera, les invito a que se pongan una bata y se fumen un cigarrilo o se tomen algo.

Como digo siempre, es importante observar las reacciones del otro para insistir en un tipo de caricias u otro. El agua caliente, el oloroso jabón, el hidromasaje si lo hay, todo ayuda a crear un buen ambiente pero lo fundamental es la actitud propia, el deseo de complacer, la imaginación en los masajes, no dejar nada por lavar o acariciar. Lo menos inesperado se convierte en una caricia de éxito garantizado. Como regla general, hagan lo que les gustaría que les hiciesen, sin prejuicios.

Tras el baño toca secar. Cubrir a la pareja con un albornoz es lo mejor. Es el momento apropiado para sentarle en una silla o en el borde de la cama para secarle el pelo con suavidad, masajeando el cuero cabelludo, algo muy placentero como bien saben en las peluquerías. Prueben a peirnarle, darle cremas, mascarillas…Lo sé, lleva mucho rato, pero compensa.

Muchos de estos momentos largos de relajación desembocan irremediablemente en otro rato de pasión desenfrenada. Esos suelen ser los mejores.

Hágase esto extensivo a cualquiera de la pareja y de toda tendencia sexual y ¡a disfrutar del sexo, que son dos días!

Gracias a nuestra amiga en
Diario de una puta de lujo...
...Reflexiones desde una vida elegida

miércoles, 8 de septiembre de 2010

RELATO: LO QUE A LOS HOMBRES LES GUSTA (2/3)

Continuamos con la segunda entrega...

Creo que hace falta un alto grado de confianza entre la pareja para dar un placer alejado de la simple penetración. Esa complicidad es la que les lleva a los hombres a confiarnos sus gustos. Esto es extrapolable a toda condición sexual.

Generalizando, parece que a los hombres les gustan las tetas grandes, pero no es así. Es cierto que hay un sector de la población masculina, sobre todo la de mayor edad, que están obsesionados con un tamaño enorme. Eso les pone mucho, tal vez como una reminiscencia del hombre primitivo, que elegía a la hembra con mayor tamaño mamario para sacar adelante a sus futuros hijos. Lo que sí parece mayoritaria es preferencia por la calidad de los pechos. La crueldad del efecto gravitatorio sobre las tetas por el paso del tiempo es infinita. Me faltan datos sobre los gustos masculinos acerca de los pechos siliconados. No me fio mucho de los comentarios que me confían los hombres. Todos, sin excepción, me dicen que no les gustan las tetas operadas, aunque algo debe fallar porque las mujeres que se operan son cada día más. Si alguien puede aportarme esos datos…

A ellos les gusta vernos las tetas y me resulta gracioso observar como sus ojos van de un pecho al otro cual partido de mini-tenis, aunque a alguno intente disimularlo. Candela, en su blog, lo explica con maestría haciendo una comparación con la visión voyeur del culo. Tras la fase ocular llega la táctil. Aquí hay para todos los gustos. Unos se afanan en estrujarlas, magrearlas, apretarlas y otros son más delicados (estos son los mejores). A todos les pone que nuestro pezones terminen en erección, momento que aprovechan para chuparlos y lamerlos.

No tengo unas tetas grandes, más bien diría que son tirando a tamaño medio. O tirando a pequeño, no sabría decirles. Aunque tampoco he recibido quejas. Debe ser por ello por lo que nunca me piden “una cubana“. Por lo que veo en los vídeos porno es algo habitual, pero en la vida real lo desconozco. También aquí me faltan datos (en casa del herrero…)

Me gustan los hombres que juegan con mis tetas con suavidad. Como hacen los niños con sus juguetes, aislados y despreocupados del entorno, como si nadie les observara. Ver ese tierno comportamiento en un hombre me excita mucho.

El cunilingus es caso aparte. Hay hombres a los que les desagrada y no lo practican. A otros les gusta pero podrían prescindir de practicarlo. Y a otros, la gran mayoría según mi experiencia, les parece imprescindible en la relación sexual. Eso sí, muy pocos saben hacerlo bien. Realmente, lo que a mí me importa es que a ellos les guste y por esohe tomado nota de sus gustos púbicos. La mayoría manda, así que soy una mujer totalmente depilada de cuello para abajo. Sí, como lo oyen, a ellos les gustan los coños sin pelos.

Y yo me debo a mis clientes.

martes, 7 de septiembre de 2010

RELATO: LO QUE A LOS HOMBRES LES GUSTA (1/3)

Tomo nota de cada una de mis citas. Lo hago por mejorar mi trabajo y para conocer mejor sexualmente a los hombres.

Satisfacer a un hombre no tiene un manual a seguir, hay mucha diversidad de caracteres y gustos, lo importante es adaptarse a cada uno de ellos y aprender a conocerlos. Puede parecer que tiro piedras sobre mi tejado contando secretos de alcoba pero creo que las mujeres que tienen pareja y saben como disfrutar del sexo no necesitan ningún consejo y las que no saben qué hacer…esas ya llegan tarde. Y si llegan a tiempo, un día u otro, su pareja buscará un amante, es inevitable. Ojo, esto también vale para el varón que no se fija en los gustos de su chica.

Cuando una puta de lujo como yo se enfrenta a un cliente, se puede esperar dos tipos de hombres diferentes, a grandes rasgos A unos les gusta manejar la situación y otros prefieren dejarse llevar. Dentro del primer grupo nos podemos encontrar con el machito que ve en la profesional a una mujer por la que ha pagado y sobre la que tiene derecho a todo. Estos individuos suelen extender su misoginia hasta pagando por el servicio. Simplemente, consideran a la mujer como un objeto sexual a su disposición. Y se les ve venir desde el principio. Su lenguaje pasa de lo cortés a lo soez mientras te van quitando prendas. Eso les pone cachondos, obviamente. Yo pongo los límites hasta lo que considero razonable, sabedora de que no dejo de ser una puta para ellos, pero procuro no restringir demasiado aquello que les excita. En definitiva, me da más asco el modo en que puedan tratar al resto de mujeres que conozcan que lo que hagan conmigo, que vivo de ello y con ellos sigo un guión predecible y, si me apuran, no me obligan a echar mano de recursos difíciles. Son hombres desagradables en el trato pero extremadamente simples en el sexo.

Dentro de esa clasificación de hombres que les gusta llevar la iniciativa están los que son dulces en el trato pero que no ven otra manera de satisfacerse que seguir los consejos de sus instintos más primitivos, que no son otros que disfrutar del cuerpo de una mujer y no de disfrutar de su propio cuerpo con una mujer, que es bien distinto y complementario. Estos, también son seres sexuales muy simples y fáciles de complacer.

El otro gran grupo, que suele ser mayoría, me ven como una amante en el sentido más antiguo y bonito de la palabra. Amante es la persona que no es tu pareja sentimental y que te aporta un goce sexual compartido. Son mis clientes preferidos y a los que dispenso un trato especial. En otro momento les hablaré del tema de los besos pero ya les adelanto que es lo que más condiciona mis relaciones. Los besos apasionados no se los doy a todos mis clientes, me parece lo más íntimo que puedo ofrecer y los doy si recibo placer con ello. A este tipo de hombres que se dejan llevar y que no tienen prisa por nada son los que más debo cuidar y a los que nunca les niego una próxima cita. Con los misóginos incorregibles no suelo repetir.

Me centraré en lo que les gusta a este último tipo de hombres, con los otros no hay mucho que decir ya que ellos “ya saben lo que les gusta”.

La felación es un arte que hay que cuidar y perfeccionar. Una buena mamada requiere experiencia y dedicación. Conviene, mientras se realiza, estar atenta a las reacciones que tiene el hombre ante cada una de nuestras acciones y movimientos. De la variedad de maniobras que usemos depende el éxito. Si el fin es la eyaculación, el trayecto es bien diferente a si se trata de una estimulación que nos lleve a otro juego sexual, aunque la técnica coincida casi plenamente. La felación la trataré en un capítulo aparte. Es extensa, ya les advierto.

Los masajes y las caricias son mi especialidad y de ello pueden dar fe mis clientes. No concibo una relación sexual satisfactoria sin estos preliminares. Hay que tomarse el tiempo necesario y precisa de un intercambio de pareceres. Muchas zonas del cuerpo son obviamente placenteras, otras no lo son a priori y, por tanto, hay que preguntar y corroborar que son efectivas. Lo que a algunos hombres puede volverles locos de placer para otros no sirve. Chupetear el exterior e interior de las orejas es una práctica que les gusta a la gran mayoría. Algunos hombres llegan a tal excitación que hay que parar para evitar la eyaculación. Con el ano y los pezones pasa algo parecido aunque a algunos les cueste asumirlo en un principio.

El sexo anal es otra de las fórmulas que tiene mucha aceptación entre los varones y suelen consultar la posibilidad previamente a la cita. Personalmente, es una decisión que tomo sobre la marcha y que hace aumentar la tarifa. En cualquier caso, es una opción que depende exclusivamente de mi disposición.

Hay otras prácticas que, por diferentes, merecen un análisis personalizado. Les aseguro que me han pedido cosas de lo más increíble, sobretodo en segundas citas…pero eso lo contaré en otro momento. Hoy he generalizado mucho. Otro día, les daré más detalles.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Relato Erótico: Le hice un trabajito para subir nota!

Este es una de mis experiencias de la universidad...

Una de las cosas que al iniciar el curso comentamos las estudiantes es el ganado que tenemos en ese año y siempre hay dos o tres profes que destacan por guapos, sexys o por cuerpazos extraordinarios, el resto es para el olvido...

Pues bien. Hablemos de Claudio mi profe (su nombre real no es ese, por supuesto).

Yo era la típica alumna de 20 añitos y con un cuerpazo de vértigo. No solo me contentaba con poseer este regalo divino sino que además era de las alumnas que mostraba lo que debía y más. Seria con sus compañeros, era además la típica alumna que hace la pelota a los profes para beneficiarse de mejores notas y favores como retrasos en entregas de trabajos, etc.

Por poneros un ejemplo, os explicaré que acostumbraba ir con tops ajustados y sujetador tipo balcón y generalmente shorts o faldas muy cortas. Eso resaltaba mis pechos, mis piernas.

No os quiero aburrir. Intentaré exponeros el caso para centrarnos en lo que fue la venganza de mi profe que es donde disfrutareis como típicos hombres...
Me presenté al examen de mi asignatura y me salió fatal. Saqué un 3.5 y suspendí. Una vez que ví mi nota, fuí a la revisión de examen para intentar aprobar. Ese día fuí con una camisa muy ancha y con más botones desabrochados de lo normal, con lo que se le veían perfectamente mis pechos asomando por un sujetador de encaje que me asentaba de perlas, juntamente con una falda de lo más corta que jamás había usado.

Profe: Que quieres Karlita
Yo: Vengo a ver mi examen ya que esperaba aprobar, profe.
Profe: Tu examen está muy mal y yo mismo me he quedado sorprendido pero no puedo aprobarte
Yo a: Si pero… todo el trimestre he ido bien y no se que me pasó ese día que me bloqueé y no me salía nada
Profe: Ya pero solo tengo ese examen y tus trabajos para demostrar que tienes el mínimo nivel

Yo veía que no estaba dispuesto a aprobarme y desesperada dije

Profe… Seguro que podemos hacer alguna cosa, ¿no?

Mi profe que no me sacaba ojo de mis piernas y mi escote me preguntó que estaba intentando decirle, que me explicara…

Sorprendentemente y dejándole medio paralizado, acerque mi cabeza y poniendo una mano en su muslo muy cerquita de su entrepierna le dije en voz baja “Si me aprueba aceptaré una cita con usted en el sitio que usted me diga y haciendo lo que me proponga, profe”.
2 segundos después me dijo que me pondría un 5 para aprobarme y que el viernes de esa semana me diría donde tenia que ir.

Al ime le sonreí y le levanté la falda enseñándole todo mi trasero con una tanga que hacia juego con ese sujetador que llevaba.

Cambió mi nota, firmó las actas y salieron en los tablones esas notas con su aprobado.

Ese mismo miércoles me encontró y al saludarme me comentó que ese viernes me esperaba en un bar cercano de la Uni y que ya tenía el plan preparado. Una cena, unas copas y que ya veríamos.

Con una sonrisa le dije que esa cita no se llevaría a cabo ya que su nota era oficial y que me conformara con la vista de mi escote y culo que era lo que se merecía un profe tonto como tu.



En la segunda convocatoria, la de final de curso, no hice el examen al estar ya aprobada, pero en la junta de profesores, donde se revisan las notas y exámenes, expuso que tenía que cambiar mi nota porque le debía un trabajo que le aseguré entregar en 15 días después de esa primera convocatoria y que no entregué. Que ya estaba hablado conmigo y que no podía consentir que no hubiera cumplido con mi promesa.
En la revisión de exámenes fuí a verle. El ya me esperaba y yo no entendía ese cambio de nota. Ese fue su despiste ya que nunca pensé que podía encontrarme con esto y al verle me pidió explicaciones.

Me dijo muy seriamente: “Karlita me tomaste el pelo y lo sabes. No creerías que me iba a quedar sin hacer nada, ¿verdad?. Hoy hay revisión y tengo de tiempo hasta mañana para cambiar las notas definitivas. Esta noche te quiero ver en el hall del Hotel Princesa Sofia a las 9h y que me sigas cuando me veas entrar por la puerta. Quiero que vengas con falda y sin bragas ni sujetador. Si quieres aprobar vienes conmigo al ascensor, si quieres suspender no vengas o no subas y esa será tu nota”

Me levanté y me fui sin mediar palabra.

Pasadas las 9h entré por la puerta del mismo. Iba con esa misma blusa de esa primera revisión y con una falda no tan corta como la de ese día. Iba maquillada y con unos zapatos altos. Me miró, me sonreío y fué a recepción para pedir la llave. Se dirigió a los ascensores y yo le seguí. No me lo podía creer pero estaba delante de mí en ese ascensor y mirándole le quise decir algo pero con su dedo me tapó mis labios y me dijo “Hoy solo hablo yo y tú obedecerás para aprobar mi asignatura. Eres una mala alumna y mereces un castigo ejemplar, así que limítate a obedecer y esa nota será la que finalmente merezcas, ¿has entendido niña?”

Respondió con un “Sí. profe”.

Entramos en la habitación y me dijo que esperara sentada mientra se duchaba.

Me miró y me dijo que iba a comprobar si estaba preparada para aprobar o sacar buena nota al obedecer mis primeras órdenes. Se acercó y me fue desabrochando mi camisa para ver si llevaba o no sujetador , vio unas tetas magnificas, duras, grandes y con unos pezones alucinantes.
Me quitó la camisa y empezó a sobarme con sus manos mis tetas, mientras me decía en voz bajita:

“Veo que has sido obediente, zorrita. Que lindos pechos tienes y que duritos son. Me gustan, me gustará tocártelos, chupártelos y mordértelos, mmm, que buena estás Karlita. Vamos a seguir con esto si quieres, Karlita. Si no quieres, puedes vestirte y salir de esta habitación”

Hubo un silencio y luego dije “Sigamos con esto profe… me lo merezco”

Mientras me tocaba los pechos me arrodillé delante suyo y comprobé la segunda orden que me había dado. Estaba con su polla apunto de reventar y se notaba debajo de ese albornoz ya que yo estaba a su merced y la visión de mis tetas y de sus manos tocándomelas era super excitante. Me subió la falda hasta pasado mi culo aunque le ayudé levantándome un poco de la cama y delante suyo encontró un coño depiladito, con una sola línea de vello, rosadito, tierno y que rezumaba un olorcito a sexo joven. Acercó una de sus manos y acarició mi rajita hasta abrirla un poco. Se chupo el dedo para humedecerlo y seguió abriendo lentamente mis labios para acariciar el clítoris y lo empezó a masajear suavemente. Entré con uno de sus dedos lentamente y notó mi humedad. Entró despacito y vió como mis ojos brillaban y como mis jugos empezaban a ser más abundantes acompañándolo todo de un leve gemido.

“Mmm profe. Como ve cumplí su segunda petición. ¿Voy bien para el aprobado?”

“Cállate de momento zorrita. Esta acaba de empezar y tengo más planes para ti” Le dije dejando de tocarla. Puse mi voz lo más dura que pude y me dijo:

“Desnúdate sin quitarte eso zapatos, zorra. No me mires a los ojos si yo no te lo pido y no quiero oírte en todo el rato que estés aquí conmigo. Cuando termines agáchate y empieza a comerte mi rabo que está que se muere de ganas de correrse en esa boca de putita que tienes.”

Mientras me decía eso me desnudé y ya me tenía de rodillas con mis dos manos en su polla y mientras una acariciaba sus huevos la otra empezaba el leve movimiento de masturbación acompañándolo de unos tímidos lengüetazos que estaban empezando a matarme de gusto. Su movimiento se aceleraba y engullía toda su polla haciéndole una mamada espectacular. Mientras me decía:

“Que rico zorrita. Ya veo que no es la primera vez que haces esto. La de favores y aprobados que has debido conseguir haciendo de puta como ahora, ¿verdad?. Ahhh como me gusta tu boquita. Ahhhh que bien la chupas putita.”

Yo le chupaba toda su polla relamiendola desde la base hasta la puntita y metiendosela enterita en su boca dentro, fuera, dentro, fuera. ME estaba dando un placer inimaginable mientras acariciaba sus huevos y el seguía tocandome y pellizcando mis tetas y pezones que estaban durísimos. Estabamos los dos muy excitados:

“Como me gusta tocarte las tetas mientras me estas llevando a la gloria, sigue, sigue, sigueeee que me estoy corriendo niña. Eres mía ahora y quiero ver como me llevas a la gloria, mmm. Mmmm, despacito que aun no quiero correrme, niña, mmm, ahhhg, buufff…Como me gusta follarte esa boquita y sentir tus manos en mis huevos, ahhh, ahhhh, ahhhh, quiero que te tragues toda esa leche que empieza a salir, igue, sifue zorrita, ahhh, ahhhhh, ahhhh, aaaauuugggggggghhhhh…”

Derramó toda su leche en mi boca y me lo tragué todita entera relamiéndole y limpiando las pequeñas gotitas que quedaban en su polla.

al final aparecí con 8.0 en la tabla de publicación....merecía más, cierto?

...gracias por tu relato Karlita.

martes, 30 de diciembre de 2008

Relato Erótico 4: "Navidad en Bangkok, 31 de Diciembre..."

Relato Erótico de Navidad
Bangkok, 31 de Diciembre
Hablar del invierno en Tailandia es hablar de la noche. Los últimos y primeros días del año apenas gozan de la luz del sol. Las calles, inundadas de puestos callejeros y hombres que harían cualquier cosa por cuatro centavos, son laberintos guiados por letreros de neón. A las diez de la mañana del día de fin de año aún quedaban unas tres horas de luz y había un sedán negro aparcado en la puerta del mejor hotel de la ciudad, lo cual no era decir mucho en Bangkok (al menos, éste era espectacularmente grande). Un escuchimizado botones, que seguramente sería más joven de lo que aparentaba, se adelantó a abrir la puerta trasera del coche para que un espléndido ejemplar de fémina naciese al exterior e intentara descifrar con asombro los metros de altura del hotel mirándolo como quien mira una sabrosa torre de chocolate. Ella se llamaba Laura.

Viajaba con su joven marido, Josh, vicepresidente de una empresa textil que le permitía sentarse todos los días tras un mesa de ébano y fingir que en el resto del mundo no pasaba nada. Él tenía que reunirse allí para cerrar un trato con unos importantes clientes tailandeses esa misma tarde. Luego estaban invitados a la fiesta de fin de año que se inauguraría tras la medianoche. Ambos entraron en el hotel y firmaron antes subir al ascensor acompañados de sus maletas de Gucci. Laura se sentía extraña entre los tailandeses, todos le parecían iguales, pero cuando las puertas del ascensor se cerraban pudo atisbar la llegada de un hombre que acababa de entrar y se dirigía al conserje. No consiguió ver con nitidez sus rasgos, pero desde luego eran muy diferentes a todos los que habían pasado por delante suya aquel día. De repente pensó: “Menos mal, un tailandés al que he visto menos de mil veces.”

A la hora del almuerzo ya estaba anocheciendo y se podía observar un bellísimo ocaso rojizo en el cielo. El comedor estaba situado en el piso más alto y las paredes que daban al exterior eran unas inmensas cristaleras que dejaban traspasar la estampa de crepúsculo flemático que estaba produciéndose fuera. Josh almorzaba en una suite preparada por los clientes tailandeses para comer juntos y en intimidad del resto de huéspedes. Laura tuvo que subir al comedor sola, lo que la hacía sentirse especialmente incómoda. Se sentó en una mesa cerca del fondo y miró hacia todos lados buscando un camarero. Entonces descubrió que la persona que estaba sentada en la mesa de frente era aquel hombre diferente del hall. Ahora podía distinguir mejor sus facciones y supo que era occidental. Su rostro era una sucesión de ángulos con una mandíbula y pómulos especialmente marcados. Bajo su nariz recta, de tamaño medio, se encontraba una boca, delimitada por labios rosados, de esas que cuando sonríen revelan cierta arrogancia. Su mirada era ambigua, tan siniestra y gélida como penetrante y seductora. Estaba envuelta en una cortina de misterio que conseguía levantar miedo o atracción, según deseara, y la guardaban unos elegantes ojos rajados de color verde selvático. Su cabello era negro azabache y contrastaba con el blanco de su piel. Sacó un encendedor de gasolina para prender un cigarrillo rubio con un movimiento rápido y hábil con una sola mano que terminó en un chasquido metálico al cerrarlo. Fumaba con la misma seguridad que un rey en su palacio y con cada calada dejaba un estela de humo denso que formaba una especie de niebla efímera a su alrededor. Él se dio cuenta de que lo miraba y le dedicó una sonrisa ligera, pícara e incisiva. Ella optó por responder:

-No conozco a nadie que siga utilizando esos encendedores.
-Seguro que hay muchas cosas que aún no conoce.- contestó él con una voz suavemente rajada.
En ese instante hizo acto de presencia el camarero para preguntarle a Laura qué deseaba de almorzar.
-Tráigame una merluza con gambas y vino tinto, por favor.
-Estoy seguro de que el vino blanco le gustará más con el pescado.- interrumpió el hombre de la mesa de frente.
-¿Si? ¿Y cuál me recomienda?- preguntó Laura con tono ronroneante.
-Una merluza con gambas pide un vino blanco fermentado en barrica. Quizá un Sauvignon Blanc... o un Chardonnay.
-Le haré caso. Sauvignon Blanc. Espero que no se equivoque.
-Yo también lo espero. Hay dos cosas en las que no consiento quedar mal. Una de ellas es el vino.
-¿Y la otra?
-El billar.
-¿En serio? ¿Juega usted al billar? Yo también.
-No lo dudé ni por un momento.
-¿Es bueno?
-Eso dicen.
-¿Y qué estrategia utiliza para ganar?
-Soy de los que piensan que lo mejor es observar al rival. Descubrir sus debilidades... y atacar por ahí.
-¿Tiene algún saque especial para empezar?
-Bueno... tutearse sería un buen comienzo.
Laura se dio cuenta de que él siempre terminaba las frases con una leve sonrisa entre socarrona y cínica. Eso le llamaba la atención.

Para cuando el camarero volvió con la merluza y el vino, los dos estaban sentados en la misma mesa. El hombre de los ojos verdes le pidió un ron con hielo mientras apagaba el cigarrillo que había estado fumando. Cuando el camarero se fue Laura probó el vino y dijo que estaba exquisito. Siguieron hablando mientras ella terminaba su merluza y él su copa de ron. Laura descubrió que él se iba de la ciudad después de la fiesta de fin de año, en el primer vuelo. Esto le transmitió cierta serenidad, pensando que la tentación no duraría mucho. Aún así, su conciencia la hacía comer rápido de forma instintiva, quizá en un reflejo para escapar de lo prohibido. Acabó antes que él y éste preguntó:
-¿Eres así de rápida para todo?
-No, los helados siempre se me derriten antes.
Ambos se rieron y ella aprovechó para preguntarle algo que la había hecho pensar durante la comida:
-¿Cómo es que sabes tanto de vinos y estás bebiendo ron? Ésta era tu oportunidad para sorprenderme con algún tipo de vino excepcional.
-Hace años que no tomo vino ni ninguna otra bebida excepto ron.
-¿Y eso?
-Es una historia muy larga.
-Cuéntamela. Tengo tiempo.
-La respuesta en el próximo episodio... ¿Continuará?- dijo él dando el último trago y levantándose de la silla. Sacó dos billetes y los dejó encima de la mesa.
-Espera. ¿Cuál es tu nombre?
-518.
Ella rió suavemente.
-Ciao, bella.- se despidió él con una de sus sonrisas y desapareció entre la multitud del comedor.

En aquel momento, sola en una mesa de un comedor de Tailandia, con su marido un piso más abajo, una sensación de culpabilidad y deseo incontrolable embargó a Laura. Aquel hombre de ojos verdes había conseguido llamar su atención como ningún otro hombre lo había logrado jamás. Anhelaba con todas sus fuerzas correr hacia la habitación 518 y lanzarse a sus brazos entregándose en cuerpo y alma a un desconocido. Y entonces miraba su mano decorada con un brillante anillo de matrimonio que, aunque llevaba poco tiempo en su dedo, no pensaba manchar. Se consoló pensando que había coqueteado con él porque necesitaba compañía y jugar con un hombre siempre resulta divertido y, a menudo, reconfortante. Supo que se engañaba, que ésta vez era ella la que había quedado prendada. Bajó a su habitación y se invitó a una copa. Intentó hacer otras cosas, pero no conseguía concentrarse. La imagen de él y su mirada selvática, su sonrisa pícara... saltaban en su mente como un flash. Llamó a su marido para preguntarle cuanto más tardaría y éste le respondió que iría directamente a la fiesta de las doce de la noche porque las negociaciones estaban siendo extremadamente complicadas. Laura colgó, bebió de un trago otra copa y antes de seguir pensando corrió a buscar la habitación 518.

Cuando la encontró se paró un momento a retocarse en un espejo situado a la izquierda de la puerta. Llamó dos veces con los nudillos y, al cabo de un momento, la puerta se entreabrió. Laura dudó un instante antes de pasar. Al entrar se encontró con un pasillo oscuro que la guió hasta el fondo de la suite, donde la habitación se iluminaba tenuemente con la luz de unas velas ante las que había colocada seda roja. Conforme daba otro paso hacia delante más inconsciente era de hacia donde caminaba. Entonces, a su espalda alguien la agarró suavemente de la cintura y dijo:
-¿Jugamos?
Ella no se dio la vuelta. Tan solo preguntó:
-¿Cómo sabías que vendría?
Ésta vez nadie contestó. Ella sintió el roce de una tela sobre su rostro. Él colocó una venda negra ante sus ojos sin decir ni una sola palabra. A continuación desabrochó el vestido de Laura mientras besaba su cuello desde atrás y lo fue deslizando hasta dejar su piel casi desnuda como la venus de Botticelli con lenceria escarlata. Acarició sus caderas y sus muslos, examinando su tacto. Recorrió con sus dedos la columna de ella, desde abajo hacia arriba, hasta llegar al sujetador. Lo desabrochó y dejó que cayera al suelo como una hoja de árbol en otoño. La guió hacia la cama y la recostó. Se esmeró en besar cada centímetro, cada curva. Levantó los brazos de Laura y dejó una estela de pasión con sus labios que tomó camino hacia abajo, parándose de nuevo en el cuello, mordiéndolo y luego haciendo lo mismo con su oreja derecha. Esto provocó que el vello de Laura se erizase.

Él siguió bajando hacia los pechos, que acarició con las palmas de sus manos, pasándolas por encima y luego cerrándolas sobre ellos. Acercó su boca a uno de sus pezones y lo besó una vez. Lo volvió a besar y a la tercera vez utilizó su lengua para recrear un círculo a su alrededor terminando en la punta, donde aplicó más velocidad y al levantar la cabeza observó que el pezón estaba erecto. Volvió a bajar la cabeza para lamer el pezón ahora excitado. Lo succionó y luego le dio un par de mordiscos suaves, mientras examinaba con sus dedos el vientre de Laura. Hizo dibujos en él con su lengua y besó su ombligo. Luego se aproximó a su cadera y su costado, que acarició ésta vez con las uñas de una forma ligera, apenas rozándolo. Bajó hacia el lugar donde terminaba el túnel de sus piernas. Acarició con cariño sus muslos por el interior antes de dedicarse a besar sus ingles y toda la zona cercana a su sonrisa vertical. Pasó su rostro por los labios mayores y de repente subió hacia arriba para besarla, incorporarla lentamente y librarla de la venda, bendiciendo con sus labios los párpados antes de que pudiese abrirlos.

Laura estaba enmudecida. Entonces, de una forma salvaje despojó al hombre de los ojos verdes del jersey que llevaba puesto y pudo ver su torso firme de músculos definidos. Lo tocó y comprobó su rigidez antes de aproximarse a los pantalones. Pudo ver a su amante provisto únicamente de su ceñida ropa interior, que dejaba intuir una cualidad fantástica. Laura no pudo aguantar más la tentación y bajó la ropa interior de su compañero. Entonces repitió la mirada que tuvo al bajarse del coche y ver por primera vez el edificio del hotel de Bangkok. Definitivamente, estaba descontrolada. Agarró con su mano el grueso miembro de su amante y bajó la cabeza para besarlo. Necesitaba saciar su apetito, de modo que lo introdujo lentamente en su boca, acariciando con la lengua su cabeza prominente. Sintió su olor a sexo. Lo introducía y lo sacaba rítmicamente, y cada vez que éste salía de su boca sus labios parecían más voluminosos por un instante. Luego lo recorría desde su base hasta la cabeza y viceversa. En ese momento, el amante la sujetó suavemente de la barbilla para indicarle que subiese hasta su boca.

Se besaron mientras él volvió a tumbarla y luego bajó su mano hacia el clítoris de ella. Colocó su dedo índice y su anular de forma que sujetasen los pliegues que protegían la perla del placer. Introdujo el dedo medio en la vagina para humedecerlo con los fluidos de ella y conseguir que se deslizase mejor alrededor de su clítoris. Jugó con su perla mientras se fundían en un eterno beso de pasión salvaje donde los labios de uno luchaban por conquistar los del otro y sus lenguas se enroscaban entre si. Él decidió que ya era hora de profundizar más y volvió a introducir su dedo medio en la vagina de Laura. Luego, poco a poco introdujo el dedo anular, esperando a que se humedeciesen más para iniciar un movimiento de los dos dedos hacia dentro y hacia fuera. En un instante climático, él paró de forma cortante el movimiento y Laura lo miró con cara de no haber rogado nunca nada con más ansia. Gimió exigiendo más de aquello y agarró la mano que su amante había colocado en su vagina. Apretó la mano de él contra si misma y volvió a gemir. Entonces, incapaz de articular palabra, miró a los ojos de su amante con mirada asesina. Él sonrió con malicia y entonces ella se abalanzó sobre él. Le besó, le mordió, le arañó y buscó a tientas su miembro erecto para introducirlo dentro de si misma. Él agarró con fuerza los muslos de ella y los arañó hasta llegar a las bragas, que se habían quedado solo un poco bajadas, y tras arrancarlas de una forma salvaje las lanzó a un lugar perdido de la habitación. Ella acarició su clítoris contra la cabeza del miembro de él. Y por fin, el hombre de los ojos verdes entró en Laura, que suspiró como quien encuentra un oasis. La vagina de ella y el miembro erecto de él comenzaron a bailar juntos un vals húmedo y ardiente. Ella cabalgaba a su objeto de deseo como jamás lo había hecho, casi con gula. Al tiempo, él la agarró entre sus brazos y se irguió para colocarse de rodillas encima del colchón. La besó una y otra vez mientras la poseía desde atrás. La vagina de Laura empezaba a parecer un océano. Ella se agarró a los barrotes de la cama y pensaba que aquel estaba siendo el mejor momento de toda su vida. Por un lado quería disfrutarlo, que no se acabase nunca, pero por otro estaba descompuesta con la tortura de placer a la que él la estaba sometiendo.

Luego, el hombre de los ojos verdes salió de ella y Laura se volvió como una leona en celo. Él la sujetó y la volvió a tumbar boca arriba. Elevó las piernas de ella hasta colocarlas encima de sus hombros y volvió a entrar. Volvió a iniciar el movimiento, parando de vez en cuando para observar la cara impotente de Laura, que deseaba tocarle y besarle sin poder hacerlo. A la vez que penetraba utilizaba sus dedos para sugestionar el clítoris de Laura. Ella estaba a merced del antojo de aquel desconocido. Él sintió la vagina incendiada y aceleró el ritmo, entrando y saliendo a la vez que giraba sus caderas en movimiento de reloj, y luego al contrario, para seguir hacia arriba y abajo y vuelta a empezar. Profundizó. Ella gritó. Él tuvo misericordia. La excitación llego a su cenit para ambos. El bajó las piernas de ella y, sin salir, sujetó con sus manos el rostro de Laura y la besó.

Laura miró el reloj y se dio cuenta de que faltaba muy poco para medianoche. Lo último que deseaba era irse de aquella habitación, de los brazos de aquel hombre. Pero pensó en su marido, en su vida, y ambos se despidieron, prometiendo encontrarse en la fiesta de fin de año. Una vez en el salón privado del hotel, donde la fiesta tendría lugar cuando pasasen las doce, comprobó la gran cantidad de gente que había, algunos de ellos ataviados con ropas realmente extravagantes que consiguieron sacarle una sonrisa. En un extremo pudo encontrar a su marido, acompañado de dos hombres occidentales y cinco orientales. Se acercó a la mesa en que estaba sentados, pero tras una mirada de Josh comprendió que no era el momento de presentarse. De modo que siguió paseando por el inmenso salón y fue a pedir una copa de ron en la barra. Sintió que alguien la rozaba por detrás y, al volverse, pudo ver la mirada ambigua del hombre de los ojos verdes, acompañada de su inseparable sonrisa. Éste le preguntó sin dejar de sonreír:
-¿Te has unido a los piratas?
Ella tardó un momento en comprender que se refería al ron. Él le arrebató la copa, dio un sorbo y se volvió para caminar en dirección contraria. Laura lo siguió por inercia. Entraron en una cocina vacía que se comunicaba con el salón. Él cogió una cuerda que había en una estantería y se volvió para mirar a Laura y decirle con voz insinuante:
-¿Jugamos?

Laura puso cara de asombro y movió la cabeza en acto de negación excesiva.
-Ni lo sueñes.
-¿Por qué soñar cuando puedes hacer realidad tus sueños?- contestó él mientras caminaba lentamente hacia ella.
Actuó rápido y la agarró. Laura intentó zafarse de sus brazos pero solo consiguió ser llevada hasta una mesa de mármol. Él la subió a la mesa y tiró de las muñecas de Laura hasta que logró tenerlas cerca de un soporte metálico pegado a la pared, al que consiguió atarlas. Luego bajó hacia la cadera de ella y subió su falda, comprobando que seguía sin bragas.
-¿Las venden caras en Bagkok?- preguntó él con ironía.
Separó sus piernas y colocó sus manos sobre las ingles de ella. Susurró pidiéndole que no se moviese tanto. Apartó los labios mayores y paseó su lengua de abajo arriba hasta llegar al clítoris. Lo hizo más visible y comenzó a besarlo. El ruido del salón se podía escuchar perfectamente. A él no le importaba, mientras que Laura se sentía tremendamente nerviosa e intranquila. Él se lamió dos dedos y los introdujo en su vagina. Mientras, con su lengua dibujaba figuras esféricas en torno al clítoris, que gritaba que lo abrazasen. Pasó sus labios húmedos sobre él y lo volvió a besar, apretando ésta vez sus labios contra la perla de Laura. Subió su mano izquierda para acariciar los pechos de ella y comprobar que sus pezones estaban erguidos. Volvió a introducir dos dedos de la otra mano en la vagina y comenzó a estimularla a tres bandas sin cesar. Ella no pudo evitar gemir cada vez más, respirando con velocidad.

Entonces una voz gritando el nombre de ella se alzó en la cocina. Laura supo que aquella voz intrusa pertenecía a su marido, que no consiguió ver la identidad del hombre que estaba poseyendo a su mujer. Josh decidió no entrar y largarse. Laura exigió que la desataran y el hombre de los ojos verdes lo hizo. Ella corrió en busca de su marido y lo encontró tomando una copa solo en una ventana del pasillo. Caminó hacia él, pero antes de llegar a su altura se volvió hacia atrás, pensando en el destino de su amante. Vio a éste irse del salón por la salida que desembocaba directamente a la calle. De repente, pensó que aquel hombre significaba más para ella que su propio marido y que si lo dejaba marchar sin saber ningún dato sobre él no se lo perdonaría jamás. Laura cambió de dirección y corrió escaleras abajo. Paró en la conserjería y le preguntó al encargado hacia donde se había ido el hombre de los ojos verdes. El tipo le contestó que no había visto salir a nadie porque estaba mirando la televisión para brindar por el fin de año, que estaba a punto de producirse. Desesperada, le describió a su amante para que pudiese decirle qué nombre había escrito al registrarse en el hotel. El tipo le contestó que no conocía a ningún huésped que respondiese a esa descripción. Laura corrió hacia la calle y al abrir las inmensas puertas del hotel escuchó en estallido brutal. La gente en la calle lanzaba gritos de júbilo y el cielo se teñía de colores con los cohetes. Acababa de nacer el nuevo año. Miró el río humano que inundaba la avenida y buscó en vano a su amado. El hombre de los ojos verdes había desaparecido para siempre.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Relato Erótico 3: "Julia toma clases particulares"

Julia es una ricura, una preciosidad de niña, simpática, agradable, bien educada y sobre todo guapísima. Ella es morena, con una preciosa melena ondulada, aunque se empeñe en alisarla, da lo mismo, sus facciones perfectas, su ojos negros, su piel morena y ese lunar justo donde se unen la barbilla y el cuello la hacen irresistible, es la típica mujer que cuando la ves, la quieres como esposa, para toda la vida, no para tener un lío con ella, nunca ha llegado a tener el morbo de Celia, pero reconozco que Julia siempre ha sido mucho mas mujer y mucho mas hermosa.

Recuerdo perfectamente cuando la conocí, tenía quince años, por aquel entonces yo frecuentaba el chalet de un amigo, curiosamente cercano al de Celia, y fue el quien cuando empecé a subir en verano con mi moto, me comentó que habían un par de chicas con chalets cerca que siempre se habían juntado en vacaciones para jugar y divertirse.

Por aquel entonces y en plena adolescencia, con las hormonas revolucionadas no me importó conocerlas, mi sorpresa fue cuando vi a Julia, era lo mas hermoso que jamás había visto, pero no tarde en desistir, no me consideraba a su altura y ni siquiera intente ser noviete, y mucho menos robarle un beso, lo máximo que pude conseguir, y con eso tuve material suficiente para unas dos mil masturbaciones fue sentir sus pechos en mi espalda mientras la llevaba con la moto de chalet a chalet.
Pronto comenzamos a hacer planes los cuatro, pero nuestra sorpresa fue cuando me comentaron que la próxima vez subiera a otra amiga que tenían en el pueblo, esta chica era mas normalita, no era tan espectacular, pero tenía algo y decidí intentarlo con ella, tampoco hubo forma, no conseguí nada, mientras tanto yo me quedaba tonto cada vez que hablaba con Julia, pero seguía convencido de que jamás conseguiría nada con ella, pero no podía dejar de desearla.

Empezamos las excursiones, y encontramos una piscina abandonada cerca de allí, decidimos ir a bañarnos todos juntos, éramos cinco, Julia, sus dos amigas, mi amigo y yo. Por entonces si yo estaba medio lelo por la edad, mi amigo estaba tres cuartos de lelo, así que nos limitábamos a mirar y después comentar lo acaecido, recordaré siempre la figura de Julia cuando salió del agua, aparte de guapa, tenía un cuerpo de escándalo, increíble, posiblemente la imagen mas sensual de mi vida, era una diosa, perfecta, vientre plano, unos pechos generosos y bien moldeados, y una cara preciosa que continúa teniendo. Así pasamos el verano, babeando detrás de Julia e intentado hacer algo con sus amigas, ya que con ella no nos atrevíamos.

Pasaron los meses y yo seguí insistiendo con ellas, no quería perder el contacto, acudía a buscarlas donde solían ir los fines de semana, o llamaba por teléfono otras tantas veces, para entonces mi amigo ya había desaparecido, una vez volvía a su domicilio y empezaba el instituto, dejaba de existir. Por aquel entonces mi grupo de amigos no era muy agraciado físicamente, al igual que yo, por lo que no hicieron buenas migas con las amigas de Julia, claro esta que yo tampoco lo era, pero siempre he sido bastante amable y simpático y lo que conseguían otros con su belleza, yo lo conseguía con mi labia y mi buen hacer.

Una vez empezada la rutina del curso, conocí a dos amigas nuevas de Julia, a cada cual mejor, no llegaban a su nivel pero la verdad estaban bastante apetecibles, pero seguían sin acercarse al nivel supremo del que hacía gala Julia. Seguía siendo dulce, razonable, discreta, no le gustaba destacar mas que las amigas pero no podía impedir ser el centro de todas las miradas, envidiada por todas y deseada por todos.Un año mas tarde, después de pasar el verano igual que el anterior, mirando a Julia de reojo, deseándola en secreto y sin hacerme ninguna ilusión, la cosa cambió, nos juntamos con otro grupo de amigos, los que hoy siguen siendo mis amigos, pero sucedió lo inevitable, Julia se enamoró del guaperas, y yo gilipollas de mi, hice de casamentera y les arregle la relación, ellos eran felices, una pareja perfecta, el guapo deportista y trabajador, ella elegante, guapa, simpática, lo tenían todo pero gracias a mi ayuda me convertí en una especie de confesor para ellos, tanto para Julia como para mi amigo y así pasaron los años.

Coincidimos con los estudios, no en la misma clase, pero si estudiábamos lo mismo, por lo cual comenzamos a quedar para estudiar, no es que fuera tonta, ya que al final ella terminó y yo no, sino que le costaba un poquito asimilar los conceptos, no me costó mucho explicarle las cosas poro ocurrió una cosa curiosa, después de seis horas estudiando con ella y otro par de amigos, en el examen aprobaron ellos pero yo no, cuando fui yo quien les explicó los pros y los contras de cada punto de la materia.

Como podéis imaginar a partir de ahí empezaron las bromas y los sarcasmos por lo ocurrido, que si la profesora era lesbiana y por eso Julia había aprobado, que si se había "tirado" a la profesora etc. etc, por suerte, en septiembre logré deshacer mi entuerto y aprobar el examen. Al año siguiente ocurrió algo semejante y las bromas empezaron a ser mas reiteradas, aparte de eso, yo empecé a trabajar pero empezamos a coincidir los fines de semana, aunque teníamos vidas totalmente distintas ya que ella seguía saliendo con mi amigo, y yo solo me dedicaba a emborracharme e intentar ligarme a la chica de turno, cosa que pocas veces conseguía.

Un par de años después, conocí a la que actualmente es mi mujer, me enamoré al instante de ella y empezamos a salir, a los pocos meses y como es natural empezamos a hacer planes con otras parejas, viajes de fin de semana, salidas en verano etc, etc. Comenzamos haciéndolo con una pareja amiga de mi mujer pero pronto surgieron los malos rollos, así que empezamos a coincidir con Julia y mi amigo. Hicimos varios viajes juntos y yo notaba que su relación no iba todo lo bien que cabía esperar, yo que creo que tengo un sexto sentido para eso, noté cierto problema sexual entre ellos, al igual que me pasaba a mi, mi amigo me contó que Julia no era lo que digamos muy activa en la cama, y que lo pasaba realmente mal. Hasta ese momento yo ni siquiera me había imaginado como sería tener sexo con Julia, como ya he dicho anteriormente, su belleza era tal, que si por alguna casualidad, fuera mía, solo me dedicaría a exibirla. Poco a poco comencé a interesarme por sus problemas, de lo cual me costo mucho que Julia comenzara a confiar en mí, pero poco a poco iba abriendo sus sentimientos y sus temores.

Ella provenía de una educación ultra-católica, colegio de monjas, padres severos etc etc, y por esa razón le costaba tanto hablar de sexo o de cualquier cosa mal vista por la citada religión.Poco a poco me contaba mas de su vida, sobre todo la sexual, que era la que a mí mas me interesaba, decía que Víctor, su pareja, le insistía muy a menudo para tener relaciones y que ella se sentía incapaz de llevar su ritmo, mas adelante me comentó que las relaciones eran casi inexistentes, ya que la frecuencia era una vez cada dos o tres meses, lo cual enfadaba mucho a Víctor, en cuanto a las prácticas, nada fuera de lo común, lo que era la penetración y poco mas. También me comento que estuvieron saliendo mas de dos años para que lo hicieran por primera vez, cierto es que ella era joven cuando empezaron pero me pareció mucho, ya que Víctor venía de otra relación mucho mas activa.

Como era previsible, la relación terminó entre grandes dramas, fue Julia la que puso fin, y yo tuve que recoger los trocitos de Víctor, ella lo dejó por otro, mas guapo todavía, pero le salió rana, muy guapo, muy agradable, pero como todos un putero empedernido, encima por su trabajo viajaba mucho con lo que ella nunca estuvo tranquila. Por esa época las llamadas ya eran mucho mas frecuentes y por fin pude hablar con ella de sexo sin tapujos, por primera vez se abría completamente a mi y yo empecé cada vez mas a interesarme por ella. Por primera vez la atracción que ejercía en mi, paso de ser solo física y bella, a ser sexual y sucia. Comencé a subir el tono de las conversaciones, a hacerle preguntas mas fuertes que ella primero reía y luego contestaba, descubrí que el nuevo novio le había enseñado a hacer felaciones y que esa práctica no le desagradaba, pero que no le gustaba el esperma, eso hizo que perdiera pocos puntos pero ya me dio un tema con el que atacarla. Como me convertí en un apoyo para ella, cuando se sentía mal, tenía algún problema o simplemente se aburría siempre me llamaba.

Mi táctica fue, siempre de broma pero insinuarle cosas, como decirle que era frígida porque no me había probado, que si con un polvo mío cambiarían las cosas, pero ella solo reía, y si me pasaba mucho me cortaba o cambiaba de conversación, como conocía a mi mujer ella también se metía conmigo, era una relación amor odio, pero siempre terminaba buscándome para cualquier cosa, me convertí en un amigo intimo suyo, y eso me gustaba, aunque yo preferiría haber sido otra cosa.

Dos años mas tarde, su nueva relación con el guaperas terminó, y esta vez fue ella la que sufrió mas, fue una larga temporada sin bromas y sin conversaciones picantes, ella seguía guapísima, aunque había cambiado un poco su cuerpo, ya no era perfecto, había cogido unos kilitos que se le habían puesto todos en su trasero, pero aún así su belleza llamaba la atención por donde pasábamos. Empezó a salir mas, con un grupo nuevo de amigas, como siempre ella era la que se llevaba la palma, incluso mas de una vez dijeron si ella era el cebo para que ligaran las demás, y yo empecé a insistirle que debía de ser mas salvaje en la cama y tener menos prejuicios.
Ella me dijo que quería cambiar, que ya había perdido bastante el tiempo, y así fue.............
Un domingo por la mañana, pocas semanas después, sonó mi teléfono, yo todavía estaba en la cama, con mi mujer al lado, era temprano, sobre las ocho de la mañana, decidí levantarme para que mi mujer siguiera durmiendo, la voz de Julia sonó al otro lado diciendo:
- Lo he hecho, si de verdad, lo he hecho
– me decía con mucha excitación
- ¿Pero que pasa Julia?, ¿estás bien?
- pregunte asustado
- Muy bien, pero te tengo que colgar, esta durmiendo.
- ¿Quién?, ¿dónde estas?
– pregunte.
No hallé ninguna respuesta mas, había colgado, quedé intrigado y le volví a llamar, pero el teléfono estaba apagado, me lo imaginé en seguida, pero no me esperaba lo que pasó. Por aquel entonces Julia rondaba una discoteca de moda en la capital de donde soy, donde tenían zona V.I.P. y ella acudía casi semanalmente, me contó que había pasado la noche con un famoso, y que acabó en su casa haciendo el amor como nunca se lo habían echo, que estuvo mas de tres horas en la cama con el y que acabó rendida, ella, la bella mojigata había despertado de su letargo, a partir de ahí, Julia ya nunca volvió a ser la misma.

El famoso, jugador famoso del equipo de la capital, nunca la llamó, si que coincidieron alguna vez pero ella sabía que no iba a trascender así que lo olvidó y se quedo con el recuerdo de la noche que paso con el, claro yo fui el único que se enteró, ni siquiera mi mujer sabe nada de esto, y con eso obtuve otro tema con el que chantajearla, aunque no lo hice, porque las cosas vinieron de otra forma, yo ahí ya había decidido que quería acostarme con ella, e iba a intentarlo de todas las formas posibles, nuestra relación era solo amistad, aunque yo le hacía bastantes favores y ella sabía que me debía muchas cosas.

Mis bromas iban cada vez mas directas.

- Julia, si quieres que te ayude en estos, me tendrás que hacer " la mamada del infierno" bromeaba con ella.
- Si claro, y no me duras ni dos minutos
- me contestaba ella
- Pues si no quieres, no te ayudo.

Y así fueron pasando los meses, Julia conoció a otro chico con el que pronto se puso a salir, este no era tan guapo como los demás, incluso un poco feo diría yo, pero Julia se veía muy feliz, en cuanto al tema sexual, me decía que este era una caña, que no tenía ni punto de comparación con ninguno, excepto con el famoso, pero que era increíble, me comentaba que ella misma estaba irreconocible, que le apetecía a menudo y que en su vida había imaginado que sería capaz de ser como me decía ella tan puton, entonces aprovechaba yo y le decía que por fin cobraría mis mamadas del infierno, y reíamos, eran tiempos felices para Julia.

Pero como todo en esta vida todo termina. La relación terminó y Julia se vino unos días a casa conmigo y mi mujer, ella no estaba bien, porque según decía a este chico si que lo apreciaba y quería, estaba bastante echa polvo con lo que se vino por no estar sola, entre mi mujer, mis crios y yo la animamos y pronto retomó los estudios y se fue a vivir con su hermana, recién separada, pero claro esto no podía quedar así, seguíamos hablando, y cuando empezó a encontrarse mejor empecé a atacar, sabía que si no lo conseguía en los tiempos muertos entre sus relaciones no lo conseguiría nunca, tenía decidido acostarme con ella.

Gracias a sus estudios tuve la oportunidad, primero me pidió que le hiciera un trabajo, que hice gustosamente, no es que yo estudiara lo mismo que ella, pero me las ingeniaba para que quedara bien, mas adelante me pidió que fuera a casa de su hermana a ayudarle con otro trabajo, lo hice, y fue bastante excitante ya que ella me recibió en pijama, un pijama blanco de hombre, pantalón y camisa de seda, la camisa desabrochada dejaba ver a forma de escote el interior de sus preciosos pechos, que abultaban de una forma muy sensual, sus pezones no se si estaban duros o simplemente eran así, luchaban con la seda por salir fuera, esta imagen hizo que al instante tuviera una erección que me afané a disimular como siempre, sacándome la camisa fuera.
Esa noche le lancé varias indirectas, de las cuales acepto con sonrisas y de buena gana, algo había cambiado en nosotros, se le notaba mas interesada, mucho mas sexy de lo habitual, sensual, quizás sería el tacto de la seda en sus pechos desnudos o igual el tono de la conversación, por primera vez me comentó sus gustos, y como le gustaba que le hicieran el amor, nunca dijo follar o joder, ella era mucho mas fina, ese día quien sabe como habría acabado si no llega a volver su hermana justo minutos antes de terminar, nos despedimos con un gran abrazo, nunca antes me abrazó así y me besó en los labios, un piquito, fue muy erótico, simplemente con eso me conformé y soñaba que la situación volviera a repetirse algún día.Seguimos en contacto, hablábamos casi a diario, ella empezó a hablarme ya sin que yo insistiera de sus gustos sexuales, y parecía que las conversaciones le excitaban, y yo como comprenderéis estaba encantado con la situación, yo seguía insistiendo en que me debía mucho, que si había terminado sus estudios gracias a mi, que si estaba aprobando la carrera gracias a mis trabajos, a ella la notaba a gusto con la conversación y le gustaba por lo que hablábamos ser sumisa, así que empecé a hablarle con autoridad, ya no le pedía las cosas si no que las exigía, alguna vez, me propasé un poco entonces ella se defendía amenazándome con decírselo a mi mujer, pero yo sabía perfectamente que esa era una maniobra de escape, porque sabía que si seguía así al final lo conseguiría.Seguíamos hablando cuando un día me comentó que estaría una temporada sin llamarme, ya que tenía los exámenes finales y debía estudiar, la renovación en su trabajo dependía de que se sacara el título, yo lo comprendí y no le di importancia, pero maldije mi suerte de no haber conseguido nada con ella, ya que después de los exámenes se iría fuera del pueblo, tenía piso cerca del lugar de trabajo, a unos sesenta kilómetros de aquí.
De repente una noche sonó el teléfono, lo cogió mi mujer, yo no le di importancia ya que compartimos muchas amistades, pero me extrañó las risas que llevaba, al final me pasó el teléfono, era Julia, me había pedido prestado a mi mujer...... Simplemente porque tenía el examen final de Informática y no conseguía realizar unos ejercicios, hay que decir que no eran a nivel programación si no lo básico de ofimática, por lo cuál le pregunto a mi mujer si podía ir a darle unas clases rápidas, así fue, a los diez minutos estaba con mi portátil llamando al timbre de casa de su hermana.
- Hola Julia, ¿follamos ahora o después de estudiar?
– pregunté haciéndome el gracioso
- La oferta es tentadora pero, primero la obligación y luego el placer
- contesto indiferente como tantas veces lo hacía.
Acabada esta pequeña conversación yo ya había tenido mi primera erección de la noche solo con verla, estaba espectacular, hay que decir que era verano y hacía bastante calor, abrió la puerta con unos pantalones cortitos rojos muy monos que dejaban ver sus piernas excesivamente morenas pero fantásticamente torneadas, camiseta de tirantes a rayas, cortita, que dejaban al aire su plana barriguita y su tatuaje de letras japonesas que apenas se veía por lo oscuro de su piel, no llevaba sujetador, y al igual que la vez anterior, aparte de desafiar la ley de la gravedad, sus pezones peleaban con la camiseta, como si quisieran escaparse, llevaba el pelo suelto, hacía tiempo que no la veía con su pelo natural, últimamente le había dado por alisárselo, pero a mi siempre me gusto con todos sus rizos, ya que parecía una especie de leona.
Transcurrió la noche entre bromas y sus esfuerzos por comprender los menús del office xp, del cual no me costó mucho después de hacerle tomar apuntes que lo dominara casi a la perfección, tres horas después acabamos y le dije que me tenía que marchar.- Bueno Julia, me voy, que mi mujer estará esperando
– le dije
- Otro favor, déjame el portátil y así repasare esta noche
- me pidió Julia
- Esta bien, pero me tendrás que pagar alquiler
- reí maliciosamente.
- Vale, te haré la mamada del infierno
– me dijo jocosamente
Me acerqué a la puerta casi derrotado, no me atrevía a intentar nada con ella, encima de que se había convertido en intima de mi mujer, le tenía un poco de respeto aunque el morbo que me provocaba casi me impedía pensar, cuando estuve en la puerta me giré para despedirme y sin que yo me lo esperar se lanzó a mi cuello y empezó a darme besitos en la mejilla mientras reía escandalosamente.
- Julia déjalo o no respondo
- Pues no lo hagas tonto
– me dijo ella
- Te lo advierto, luego no me llores ¿eh?
- insistí
Entonces lleve mis manos hasta su hermoso culo, esperando su reacción, fueron unos segundos terribles, ya que no sabía por donde me iba a llegar el bofetón, pero me equivoqué, sobre quince segundos después reaccione, casi ni me lo creía y de repente se me iluminó la mente, si quería que esto acabara bien sabía como hacerlo, lo único que debería hacer era comportarme como siempre, y hacerla reir para que no tuviera tiempo de pensar en lo que estaba pasando y así empezó el "show".
- Tu te lo has buscado Julia .........¡¡¡ ACCIÓN!!!
Ella no podía parar de reír y yo aproveché para sin despegar mis manos de su trasero obligarla a dar un saltito y que rodeara mi cintura con sus piernas, entré de nuevo en el domicilio de su hermana y con mi espalda cerré la puerta, en ese momento ya tenía mi lengua dentro de su boca, a ella le costaba respirar pero no me repelía el beso, le costaba respirar porque seguía riendo mientras nuestras lenguas jugaban en el interior de su boca.
- A ver si me muerdes, joder Julia, hasta para follar te ríes como una pija.
Ella tuvo otro ataque de risa, mientras tanto yo continuaba, la tenía sentada en la mesa y yo ya había empezado a acariciar sus enormes pechos, cuando le quité la camiseta me quedé asombrado, nunca me había imaginado que los tuviera tan grandes, y esos pezones oscuros y completamente redondos, ella seguía riendo, mientras yo ya empecé a besarlos y morderlos, esto pareció calmarla un poco, cuando dejé de oírla reír me asusté, pensé que todo se iría a la porra pero pude capear el temporal:- Pareces una vaca, vaya tetas, para navidad te regalaré un cencerro.
Esto provocó otro ataque de risa, yo sabía que lo importante es que Julia no reaccionara a lo que estaba pasando, debería darme prisa en empezar a calentarla, si no, seguro que el que se iría caliente a casa sería yo y encima tendría problemas con mi mujer. Empecé a acariciarle el interior de sus muslos y tocar su sexo por encima del corto pantalón que llevaba, el tacto de su piel era maravilloso, ella ya no reía tanto y mis caricias empezaban a surtir efecto, cuando pude sortear sus braguitas por el lateral y rozar sus labios, noté que estaba empapada, entonces dejé de besar sus pechos y empecé a bajar poco a poco por su plano vientre hasta llegar a su sexo, tuve tiempo de tener otra pequeña conversación con ella:
- ¿Te habrás lavado no?
- Calla imbécil y sigue ostia
- me dijo enfadada pero en tono de burla
- A ver si me vas a pegar algo
- insistí en la broma
No lo dudé y comencé a saborear sus sexo, no estaba nada mal, un poco demasiado bello para mi gusto pero no le hice ningún asco, Julia estaba disfrutando, vi como echaba la cabeza hacia atrás mientras empezaba a dejar escapar algunos suspiros entrecortados, seguí un buen rato ella ya no disimulaba su placer yo para entonces tan excitado estaba que me quité bermudas y los boxers sin que ella lo notara, para entonces mis dedos jugueteaban con su clítoris, mi lengua hacía de falo e intentaba insertarla lo mas hondo posible dentro de ella, ella estaba muy mojada se la veía disfrutar y al momento tuvo su primer orgasmo, no, no fue un orgasmo húmedo, mas bien fue silencioso, solo noté contracciones y como se ponía rígida apretaba los ojos y se encorvaba un poco hacía arriba.
Me hizo gracia y no pude contenerme:
- Tia, no sabes ni correrte, vaya mierda de amante
- me reía yo
- Joder tio, que máquina eres
– me miraba sorprendida
- Pues esto no acaba mas que empezar, así que preparate
- Estoy impaciente por comprobarlo
- me contesto ella.
Por nuestras innumerables charlas sabía que le iba el royo sumisa, así que como ya no se me iba a escapar empecé con un juego distinto, sabía que le gustaba, no, no es sadomasoquismo, solo que sabía que le gustaba sentirse usada y que le insultaran mientras estaban con ella, eso solo lo sabía yo.
- Ven aquí, que te voy a enseñar como se hace, que no tienes ni puta idea
- le dije haciendo el papel de enfadado
- Vale
Contesto sumisa JuliaFuimos hasta la habitación la tenía completamente desnuda, le hice que se colocara a cuatro patas encima de la cama, que me apuntara con su hermoso trasero y que me mirara , era increíble, ese cuerpo, y esa cara, tan bella como siempre, con un brillo especial en los ojos, me acerqué lentamente y empecé a acariciarle la espalda, desde los hombros, bajando lentamente hasta llegar a sucintura, ella me miraba, me acosté a su lado, colocando mi pene a escasos cetímetros de su cara, con la mano derecha le cogía del cabello de forma que su cabeza la tenía totalmente dominada, y con mi mano izquierda no paraba de juguetear con su clítoris, continuaba excitada y sus jadeos iban en aumento, cada vez que intentaba bajar la cabeza, yo se lo impedía, cuando intentaba acariciarme yo le estiraba del pelo hacia arriba y ella desistía, tenía mi pene a escaso diez centímetros de su cara, a escasos veinte de sus manos, y veía en sus ojos como deseaba tocarlo, lo miraba con deseo pero decidí que esperara un poco mas, así lo adoraría mas, cada vez, lo intentaba con mas frecuencia, llegar hasta mi pene era su obsesión, pero la disuadía con los tirones de pelo, yo mientras seguía introduciendo mis dedos en su sexo, y ella ya no disimulaba su placer entonces llegó el momento.

Quiero que te sientes encima de mi zorra
- le ordene ya completamente con el control.
- Por fín contestó ella
- Venga date prisa.
No lo dudó, intentó tocarme el pene, pero no le dejé, simplemente dejo que lo insertara en su sexo, ella quedó encima de mi, e intento apoyar su pecho con el mio y besarme, no la dejé, la obligué a mantenerse erguida, haciéndo con su cuerpo un ángulo de noventa grados perfecto, le dije que cabalgara, cosa que hizo sin rechistar, yo sentía un placer increíble, sentía mucho calor en mi pene, realmente Julia ardía por dentro, ella seguía con sus movimientos, me encantaba ver el movimientos de sus pechos y como apoyaba sus manos en mi barriga para acompañar sus movimientos, de repente se me ocurrió pasar a la acción:
- Si que eres mala en la cama joder, ahora vas a saber lo que es bueno.
A Julia le cambió la cara, pero no de mal rollo, oír esto creo que la excito mas todavía y abrió mas los ojos esperando que yo reaccionara. Mi reacción fue un poco brutal, me alcé con rapidez, la rodeé con mis brazos y la atraje hacia a mi, quedando yo acostado y ella encima de mi, apretaba con fuerza sus caderas hacia a mi, lo que obligaba a que levantara un poco su hermosos culo, entonces empecé, a atacar desde abajo, con enbestidas bestiales, mi movimiento de caderas hacía que ella notara como entraba con fuerza desde atrás, ella empezó a gemir con mas fuerza y no puedo evitar estirar su cuello, yo agaché el mío y comencé a besar sus pechos con fuerza mientras ella comenzó un gemido largo que con cada envestida mía se entrecortaba.
- Te gusta zorra de mierda, a ver si aprendes de una puta vez lo que es un hombre de verdad, y dejas de tirarte a esos guaperas que no tienen ni medio polvo
- Si, si, si,
- es lo único que lograba articular Julia.
Con mis manos en su trasero, seguía penetrándola con fuerza desde atrás cuando le di la vuelta, la cogí por los tobillos y alcé sus piernas hasta situar la parte posterior de sus rodillas apoyadas en mis hombros, la penetré nuevamente, con fúria y un ritmo infernal, ella no podía parar de gemir y soltaba grititos, cada vez mas fuertes, yo sudaba como un cerdo por el esfuerzo y por el calor, ella ladeaba la cabeza hacía un lado, cuando me di cuenta, la cogí por la barbilla y le obligué a mirarme, y le dije:
- Quiero que veas como te follo, no te atrevas a apartar los ojos de mi cara
Notaba como le gustaba, ese brillo especial en sus ojos, le encantaba que la dominaran, ese era su tabú, el tabú que nunca había dicho a nadie, solo a mi, a su amigo, a su confesor, que estaba aprovechando todos sus secretos para aprovecharse de ella, pero al fin y al cabo, ella lo estaba disfrutando, decidí cambiar, mas que nada porque estuve a punto de terminar en un par de ocasiones, y como comprendereis no quería que esto sucediera, decidí volver a ponerla a cuatro patas, y empecé a penetrarla al estilo perrito, ella seguía jadeando, cuando posé mis manos en sus pechos y empecé a estrujarlos con fuerza, su tacto y su blancura con respecto al resto de su piel, le daban un aspecto de flan que me excitaban de sobremanera entonces ella lanzo un grito que me asustó, y me hizo taparle la boca con la mano, tuvo mas espasmos, pero esta vez si que tuvo un orgasmo sonoro, se dejó caer en la cama y se quedó mirándome asombrada, respiraba con dificultad y sus ojos eran una mezcla de terror y placer.
- Venga ahora si, veamos tu famosa mamada del infierno
- le dije desafiándola
Ella volvió a reír, llevaba rato sin hacerlo y mientras lo hacía no para de repetir:
- Joder tio, que calladito te lo tenias
- decía sorprendida
- ¡Cállate y al tema!
– le ordené.
Sin rechistar se puso manos a la obra, yo acostado comodamente y ella rozó mi pene por primera vez, empezó a masajearlo y poco a poco fue acercando su bonita cara hasta el, solo de ver mi pene y su cara detrás estuve a punto de correrme, pero pude evitarlo, saco su lengua y empezó a pasarla por mi glande, primero por la rajita y luego por donde se une con el resto del pene, luego con sus labios, empezó a jugar con el hasta que empezó a introducirlo lentamente en su boca, notaba como sus labios cada vez abarcaban mas trozo de mi miembro totalmete duro, pero sabía que no podía dejarla hacer, tenía miedo de que se aburriera y lo dejara, decidí volver a tomar el mando.
- No esta mal, pero voy a enseñarte
- le dije yo intentando disimular el placer que me estaba proporcionando.
Aferré su cabeza con ambas manos y empecé a marcarle el ritmo, ella no protesto, simplemente miró hacia arriba y nuestros ojos se encontraron, notaba como se excitaba cada vez que tomaba la iniciativa, empecé a obligarla poco a poco a que engullera un poco mas, hasta que al final la tuvo entera en su boca, notaba como le tocaba la garganta, pero me encantaba, ella me miraba y disimuladamente, se fue colocando para iniciar un sesenta y nueve, no lo rechacé pero al poco decidí volver a cambiar, me puse en pié, y la atraje otra vez hacia mi, la agarre de su bonita melena rizada y le volví a marcar los ritmos, esta vez, estaba follándole la boca directamente cuando le dije:
- Y ahora te voy a petar el culo
Sabía perfectamente que nunca lo había probado, y que no le hacía ninguna gracia, pero aun así decidí intentarlo, la puse a cuatro patas, parecía que estaba por la labor, y empecé con el ritual, primero bese su sexo, comprobé que estaba húmedo y con su propio flujo empecé a lubricar su ano, comencé a introducir un dedo mientras con la otra mano no paraba de estimular su clítoris, me costó entrar pero al final pude, ella gemía, esta vez era una mezcla de placer y de dolor, intenté introducir otro, y aumentaron sus gemidos, parecía que le gustaba, estaba disfrutando, aunque de vez en cuando daba algún que otro respingo, llegó el momento, estaba a punto de iniciar en el sexo anal posiblemente a la mujer mas guapa que jamás estaría conmigo, mi excitación era increíble.
Me coloqué a su espalda, y me decidí a entrar por arriba, lo hice muy despacio, sabía que le podía hacer mucho daño, apoyé mi glande contra su ano, estaba rojo, muy rojo y comencé a empujar, todo fue bien, hasta que lo ancho de mi glande por fin entró.
¡Para, para, por dios!
– me suplicó Julia.
- Ten paciencia pronto dejará de doler
– intenté tranquilizarla.
- No de verdad, me duele mucho.
Cuando pude ver su cara, me asusté, le caían dos lagrimas de sus negros ojos, por lo que comprendí que no había ido bien y decidí desistir, cuando saqué mi pene de su enrojecido ano, Julia volvió a gritar, y se quedó encogida en la cama en posición fetal, la abracé con fuerza y la besé dulcemente primero en la frente, luego en las mejilla y finalmente en la boca, ella me devolvió el beso, dulcemente, nuestras lenguas parecía bailar un vals de Strauss, me abrazó y me dijó que no podía mas, pero que quería algo mas, yo ya me lo imaginaba, porque en una ocasión se le escapó y conociéndola sabía que nunca se lo habría dicho a nadie, sus secretos sexuales eran exclusividad mía,.
- Porfa, correte en mi cara
- me imploró
- Por supuesto, ¿puedo en tu boca?
- No, sabes que me da asco, pero si en mi cara ¿vale?.
Efectivamente, como de costumbre no me equivocaba, ella permaneció tumbada y yo decidí darme un último homenaje con ella, cogí con ambas manos cada uno de sus pechos e introduje mi pene entre ellos, moviendo mis caderas el tacto de la piel de sus pechos y mi glande golpeando sus labios me puso a mil, ver su cara, a la espera de mi semen me excitaba muchísimo mas, sus ojos apretados, su boca también apretada para evita que nada entrara me dio tanto morbo que no lo pudo soportar, mi primer disparo pasó de largo y fue a parar a su melena, el segundo dio de lleno en su frente, ella al notarlo ladeó la cabeza con lo que el tercer disparo rozó su ceja pero calló en su mejilla, los demás yo fui repartiéndolos por el resto de su cara, cuando hube terminado ella abrió los ojos, estaba preciosa, nunca olvidaré esa cara sucia, me encantan, y mucho menos olvidaré como nos levantamos y fuimos al espejo para que ella se viera, le encantaba y no dudó en esparcir mi semen por toda su cara, eso si, no quiso probarlo, pero nos reímos un buen rato.
Mas tarde ya mas tranquilos le pedí perdón por el dolor provocado en su ano, le quitó importancia pero me dijo que no lo intentara mas, decidimos que lo mejor era no contarlo jamás, y así fue, este es nuestro secreto.......
Julia aprobó el examen gracias a mi, yo sigo gastándole las bromas pesadas, sobre todo delante de mi mujer, sospecharía algo si dejara de hacerlo, y ella marchó a su nueva residencia, nos vemos algunas veces, ahora tiene pareja, otro guaperas, que por lo que me cuenta es un poco "pésimo en la cama", pero que va aprendiendo, de vez en cuado bromeamos por lo ocurrido y yo sigo haciéndole favores, quizás algún día pueda repetir, no será por ganas, porque sigue siendo una hermosa mujer, pero, con menos tabúes sexuales que alguien aprovechará.